Informe "Código 505: Un estudio sobre las ciberviolencias entre la juventud española" (Fad Juventud)

El informe "Código 505: Un estudio sobre las ciberviolencias entre la juventud española" fue publicado el 5 de mayo de 2026 a cargo del Centro Reina Sofía de FAD Juventud, con el apoyo de Santander y Telefónica. El estudio analiza como adolescentes y jóvenes perciben, viven y afrontan estas situaciones, profundizando en sus experiencias de violencia digital en diferentes roles.

Acceder a la información del estudio "Código 505"


La ciberviolencia forma parte de la realidad cotidiana de adolescentes y jóvenes, y se integra cada vez más en sus dinámicas de relación en internet y redes sociales.

El informe Código 505 pone datos a esta realidad y alerta de un aspecto especialmente preocupante: muchas conductas de ciberviolència se están normalizando hasta el punto que a menudo dejan de ser percibidas como violencia.

El estudio analiza las experiencias de personas jóvenes de entre 15 y 29 años como víctimas, agresores y testimonios, así como las consecuencias emocionales que estas situaciones tienen y el papel que pueden ejercer la escuela, las familias, las plataformas digitales y las instituciones en su prevención.

Principales datos:

  • El 57% de los jóvenes de 15 a 29 años ha sufrido alguna forma de ciberviolencia durante el último año.
  • Entre los adolescentes de 15 a 19 años, la cifra asciende al 69%.
  • El 51% afirma haber presenciado situaciones de violencia digital.
  • Uno de cada cuatro (26%) reconoce haber ejercido alguna conducta agresiva en internet o redes sociales.

Las formas de violencia digital más habituales:

  • Stalking o vigilancia digital constante (64%)
  • Insultos y difamaciones (64%)
  • Discursos de odio (54%)
  • Difusión de imágenes manipuladas (50%)
  • Control digital dentro de la pareja (48%)

Este último aspecto es especialmente relevante, puesto que muchas conductas de control todavía son percibidas como muestras de interés o afecto.

La normalización: uno de los principales riesgos

Una de las conclusiones más preocupantes es que una parte importante de las víctimas no reacciona ante las agresiones digitales porque las considera "cosas de internet".

El informe destaca que:

  • el 29% de las víctimas no hizo nada tras sufrir una agresión digital;
  • muchas consideran que "no era tan grave";
  • determinadas formas de control y vigilancia se perciben como comportamientos normales dentro de las relaciones personales.

Cuando la violencia se normaliza, se hace más difícil identificarla, preguntar ayuda e intervenir a tiempo.

 

Diferencias entre chicos y chicas: 

El estudio también muestra diferencias significativas según el género.

Las chicas:

  • identifican con mayor facilidad las situaciones de violencia digital;
  • muestran un mayor rechazo hacia estas conductas;
  • sufren un impacto emocional más intenso, con mayores niveles de apatía, aislamiento y abandono parcial de las redes tras las agresiones.

Estos resultados evidencian que las desigualdades de género también se reproducen en el entorno digital.

 

Del ciberacoso al círculo de la violencia:

Otro dato especialmente relevante es que el 79% de quienes reconocen haber ejercido violencia digital también habían sido víctimas anteriormente.

Este resultado pone de manifiesto que la ciberviolencia puede convertirse en un círculo que se retroalimenta y que exige intervenciones educativas dirigidas no solo a proteger a las víctimas, sino también a trabajar con quienes ejercen la violencia.

 

¿Qué nos aporta para la prevención?

El informe refuerza algunas ideas clave para la prevención del bullying y del ciberbullying:

  • educar en competencias digitales desde las primeras etapas;
  • ayudar los adolescentes a identificar las formas más sutiles de violencia digital;
  • fomentar el papel activo de los testigos;
  • implicar las familias en el acompañamiento digital;
  • promover relaciones basadas en el respeto, la confianza y el buen trato;
  • desarrollar el pensamiento crítico ante los discursos de odio, la desinformación y la presión social.

La ciberviolencia no es solo un problema tecnológico. Es una forma de violencia entre iguales que necesita una respuesta educativa, comunitaria y preventiva.

 

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